El abogado y la ostra

por Anónimo


Paseándose dos hombres por la orilla del mar, encontraron una ostra y empezaron a disputársela.

—Yo la he visto primero—dijo uno—por lo tanto me pertenece.

—Yo la he cogido, dijo el otro, y tengo derecho a quedarme con ella.

En esta disputa acertó a pasar por allí un abogado al cual pidieron que fallara el asunto.

Este se conformó, pero antes de emitir su opinión, exigió a los hombres la garantía de que cualquiera que fuese su fallo quedarían contentos. Después dijo el abogado:

—Me parece que los dos tenéis derecho a la ostra; así, pues, la dividiré entre los dos y estaréis enteramente satisfechos.

Abriendo la ostra, se la comió rápidamente y con gran seriedad entregó a cada uno de los hombres una de las conchas vacías.

—¡Pero usted se ha comido la ostra!—exclamaron los hombres.

—¡Ah! Esta es mi remuneración por resolver el asunto—dijo el abogado.—Pero he dividido todo lo que queda de una manera leal y justa.

Eso es lo que generalmente sucede a las personas aficionadas a pleitear si acuden al amparo de los tribunales.

Del Talmud.

Esta fábula la trae al Fabulario Don Alejandro.