El loro y El enano de la venta
por Juan Eugenio Hartzenbusch
EL LORO
A un lorito en el Perú
Un hombre enseñó de allí
A decir: « ¿Quién eres tú? »
Y a decir: « Vete de aquí. »
Descuidóse el peruviano,
Y el loro se le escapó,
Y en el monte más cercano
En una caverna entró.
A la caverna después
Llegó por casualidad
Un sencillote alavés,
Dirigido a la ciudad.
Fuera de camino y senda,
Ya con el alma en un hilo,
De una borrasca tremenda
Se libró en aquel asilo.
Era esto al anochecer;
Sacó el hombre salchichón,
Cenó con gana y placer,
Y durmióse en un rincón.
Mas pronto se puso alerta:
Voz, que turba sus placeres,
Bronca y rara le despierta,
Diciéndole: « Tú, ¿quién eres? »
—Soy (respondió el refugiado)
Lucas Igarrigorría;
De España vengo llamado
Para vender lencería.
Yo imaginaba ser ésta
Inhabitada mansión.
—¡Vete de aquí!—le contesta
Malamente el preguntón.
—Saldré al asomar el día—
Repuso humilde el pobrete.
Pero la voz repetía:
—¡Vete de aquí, vete, vete!
—Este es sin duda un salvaje,
Y como por mal lo tome,
Tengo en su panza hospedaje:
Me descuartiza y me come.
Tal dijo para su sayo
Un hombre sin cobardía,
Porque le hablo un papagayo
Donde no se le veía.
Fuése, pues, de mal humor
Al raso inmediatamente.
Pase el benigno lector
A la fábula siguiente.
EL ENANO DE LA VENTA
Parece que antes había
En la venta del Candil
Un enano que tenía
Voz equivalente a mil.
Habitaba en el pajar;
Y si una riña se armaba,
Decía: « ¡Voy a bajar! »
Y nadie le rechistaba.
Al oír la voz aquella
Tan pujante sobre todas,
Esperábase tras ella
Ver un coloso de Rodas.
Negro, bisojo, feotón,
Barba azul, nariz adunca,
Sonaba, pues, el bajón;
Mas él no bajaba nunca.
—¡Qué es lo que sucede abajo!—
Bramó el enano una vez.
—Salga a verlo el espantajo—
Dice un chaval de Jerez.
—¡Allá voy!—se oyó en un grito,
Que nunca se dio tan fuerte.
—Ven—le contesta el mocito;—
Danos el gusto de verte.
En el portal un montón
De gente en expectativa
Temblaba del vozarrón:
El enano quieto arriba.
—¡Que voy! —Ven. —¡Que bajo! —Baja.
—¡No! —¡Sí! —Era un barullo inmenso
El enano allá en la paja;
No bajaba ni por pienso.
Impaciente el jerezano,
De charla inútil se deja:
Sube al pajar, y al enano
Me le saca de una oreja.
Burlona estalló conforme
Risa general sin fin,
Viendo, tras la voz enorme,
Un enanillo codín.
Le iba a mantear la gente,
Si no se escabulle listo:
No viéndole, ¡qué imponente!
¡Qué triste figura, visto!
Al lorito perulero
Muy bien le salió la cuenta;
Pero al enano el ventero
Tuvo que echar de la venta.
Para muchos, es el coco,
De mayor autoridad
Quien habla mal, recio y poco
Entre densa oscuridad.
Esta fábula la trae al Fabulario Don Alejandro.