El raposo enfermo

por Félix María Samaniego

español · 1745–1801


El tiempo, que consume de hora en hora
Los fuertes murallones elevados,
Y lo mismo devora
   Montes agigantados.
      A un raposo quitó de día en día
Dientes, fuerza, valor, salud, de suerte
Que él mismo conocía
   Que se hallaba en las garras de la muerte.
      Cercado de parientes y de amigos,
Dijo en trémula voz y lastimera:
   « ¡Oh vosotros, testigos
De mi hora postrera,
   Atentos escuchad un desengaño!
Mis ya pasadas culpas me atormentan:
Ahora conjuradas en mi daño,
   ¿No veis cómo a mi lado se presentan?
   Mirad, mirad los gansos inocentes
Con su sangre teñidos,
Y los pavos en partes diferentes
Al furor de mis garras divididos.
   Apartad esas aves, que aquí veo,
Y me piden sus pollos devorados;
Su infernal cacareo
Me tiene los oídos penetrados ».
   Los raposos le afirman con tristeza
(No sin lamerse labios y narices):
« Tienes debilitada la cabeza;
Ni una pluma se ve de cuanto dices.
   Y bien lo puedes creer, que si se viese… »
« ¡Oh glotones callad: que ya os entiendo,
—El enfermo exclamó:—si yo pudiese
Corregir las costumbres cual pretendo!
   ¿No sentís que los gustos,
Si son contra la paz de la conciencia,
Se cambian en disgustos?
Tengo de esta verdad gran experiencia.
   Expuestos a las trampas y a los perros.
Matáis y perseguís a todo trapo
En la aldea gallinas, y en los cerros
Los inocentes lomos del gazapo.
   Moderad, hijos míos, las pasiones:
Observad vida quieta y arreglada,
Y con buenas acciones
Ganaréis opinión muy estimada ».
   « Aunque nos convirtamos en corderos,
Le espondió un oyente sentencioso,
Otros han de robar los gallineros
A costa de la fama del raposo.
   Jamás se cobra la opinión perdida:
Esto es lo uno: a más, usted pretende
Que mudemos de vida?
Quien malas mañas ha… ya usted me entiende ».
   « Sin embargo, hermanito, crea, crea…
(El enfermo le dijo) ¡Mas qué siento!…
Esto sí que no es cuento ».
   Adiós, sermón: escápase la gente:
El enfermo orador esfuerza el grito:
« ¿Os vais, hermanos? Pues tened presente
Que no me haría daño algún pollito ».

Esta fábula la trae al Fabulario Don Alejandro.