La águila, la corneja y la tortuga
por Félix María Samaniego
A una tortuga una águila arrebata.
La ladrona se apura y desbarata
por hacerla pedazos,
ya que no con la garra, a picotazos.
Viéndola una corneja en tal faena,
le dice: —En vano tomas tanta pena,
¿no ves que es la tortuga, cuya casa
diente, cuerno ni pico la traspasa,
y, si siente que llaman a su puerta,
se finge la dormida, sorda o muerta?
—Pues ¿qué he de hacer?
—Remontarás tu vuelo,
y en mirándote allá cerca del cielo
la dejarás caer sobre un peñasco,
y se hará una tortilla el duro casco.
La águila, porque diestra lo ejecuta,
y la corneja astuta,
por autora de aquella maravilla,
juntamente comieron la tortilla.
¿Qué podrá resistirse a un poderoso,
guiado de un consejo malicioso?
De estos tales se aparta el que es prudente;
y así, por escaparse de esta gente,
las descendientes de la tal tortuga
a cuevas ignoradas hacen fuga.
Esta fábula la trae al Fabulario Don Alejandro.