La codorniz
por Félix María Samaniego
Presa en estrecho lazo,
la Codorniz sencilla
daba quejas al aire,
ya tarde arrepentida.
«¡Ay de mí miserable, 5
infeliz avecilla,
que antes cantaba libre,
y ya lloro cautiva!
Perdí mi nido amado,
perdí en él mis delicias; 10
al fin perdilo todo,
pues que perdí la vida.
¿Por qué desgracia tanta?
¿Por qué tanta desdicha?
¡Por un grano de trigo! 15
¡Oh cara golosina!».
El apetito ciego,
¡a cuántos precipita,
que por lograr un nada,
un todo sacrifican!
Esta fábula la trae al Fabulario Don Alejandro.