La mariposa

por Anónimo


No contenta la vana y voluble mariposa de poder cómodamente revolotear por el aire, quiso, fascinada por la agradable llama de una bujía, volar por encima de ella. Mas ¡ah! su alegre vuelvo le fue ocasión de rápida desventura, quemándose en la luz sus delicadas alas; y la misma mariposa, cayendo chamuscada a los pies del candelero, después de mucho llanto y arrepentimiento, secó las lágrimas de sus ojos y, levantando la mirada a lo alto, exclamó:

—¡Oh luz falsa! ¡A cuántas, como a mí, debes de haber engañado en anteriores tiempos! ¡Oh! ¿Por qué yo, ávida de luz, no advertí cuán falaz era el esplendor del asqueroso sebo?

Autor desconocido.

Esta fábula la trae al Fabulario Don Alejandro.