La paloma
por Félix María Samaniego
Un pozo pintado vio
una paloma sedienta:
Tiróse a él tan violenta,
que contra la tabla dio.
Del golpe, al suelo cayó,
y allí muere de contado.
De su apetito guiado,
por no consultar al juicio,
así vuela al precipicio
el hombre desenfrenado.
Esta fábula la trae al Fabulario Don Alejandro.