Los guardianes del rey
por Anónimo
Cierto rey que tenía muchas higueras plantadas en su huerta, apreciaba tanto esta fruta, que determinó guardar los árboles para que no se la robaran. Con este fin, puso en el huerto a un ciego y un cojo.
Al día siguiente, cuando lo visitó el rey, vio que habían desaparecido los mejores higos, y preguntó a los guardianes qué había sido de ellos.
—No lo sé—replicó uno.
—Ni yo tampoco—respondió su compañero.
El rey luego les preguntó si se los habían comido ellos mismos.
—No pude robar los higos, dijo el cojo, pues no puedo subir a los árboles.
—Y yo no puedo cogerlos—dijo el ciego—porque no los veo.
Pero el rey era muy sabio y pronto descubrió que el ciego había cargado con el cojo y mientras aquel utilizaba sus piernas, este hacía uso de sus ojos y manos, robando de esta manera los higos. Los dos fueron castigados severamente.
Del Talmud.
Esta fábula la trae al Fabulario Don Alejandro.